Rabietas: ¿qué importancia hay que darles?

Durante el desarrollo infantil es habitual que, a partir de los 2 o 3 años, aparezcan las temidas rabietas. Lo que distingue este hecho es que puede no ser pasajero, agravándose con el tiempo. Los arranques de ira, junto a las frustraciones, si no son canalizados de manera correcta, pueden acabar en falta de respeto, desobediencia e incluso violencia hacia uno mismo o hacia los demás.

Para que tu hijo gestione sus emociones, como el enfado, es necesario que su conducta se adapte al momento que está viviendo, aunque sabemos que, por regla general, dicha gestión no aparece de forma natural, rápida y directa.

Los niños necesitan adquirir un aprendizaje al respecto y las personas de su entorno son imprescindibles para conseguirlo. Solo entonces comprenderán cada una de sus emociones y aprenderán a manejarlas.

¿Cómo gestionar las rabietas de los niños?

Para gestionar las emociones de tu hijo durante una rabieta te damos algunas recomendaciones:

–      Mantén la coherencia

Si vas a pedirle tranquilidad es necesario que tú también estés tranquilo. Así que, mantén la calma y actúa siempre de la misma manera, sin importar el lugar donde estés.

Nos referimos a que si en casa prefieres acompañarle en la rabieta, en la calle es mejor que hagas lo mismo, sin importar que sea en público. De esa manera le mostrarás seguridad y aprenderá a calmarse. Ten presente que las emociones se traspasan, así que no os contagiéis vuestras propias frustraciones mutuamente.

–      Empatiza en lugar de castigar

Si quieres que los gritos y las pataletas desaparezcan, debes canalizar correctamente su enfado. Por ejemplo, al castigarlo conseguirás que reprima sus emociones puntualmente, pero así no aprenderá a manejarlas a largo plazo. Es por ello que debes intentar comprender y respetar el motivo de su disgusto y ofrecerle apoyo.

–      No ignores sus emociones

Las rabietas deben afrontarse al instante porque, en ocasiones, más tarde no hay tiempo para conversar. Puedes pasar por alto la conducta que está presentando, pero no sus emociones. Si tu hijo tiene una rabieta no significa que desee ponerse así, es una reacción desproporcionada porque no sabe cómo expresar su molestia de otra manera.

Es mejor aprovechar la situación y dedicar tiempo tras a esa rabieta para conversar sobre lo que le ha ocurrido, cómo se siente y cómo se puede sentir mejor.

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